El ABC: El Sapica de ayer

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Sapica

Si bien es cierto que “El ABC” se escucha pretencioso, no, no se trata de enseñar, se trata de compartir, para eso es esta columna, Le denomino así por que comprende las Altas, Bajas y Cambios del calzado.

Procuraré comentar aspectos y artículos encaminados al sector, pero que se puede en la mayoría de los casos aplicar a casi cualquier empresa.

Haz de esta columna algo tuyo, envíame tus comentarios a: hugo@secuencia.mobi, cada semana tocaremos diferentes aspectos de interés para ti.

Y arrancan, como se diría en el hipódromo.

Esta vez comentaremos sobre el Sapica de ayer.

Viene Sapica, todo y en todo León sólo se hablará de esta celebre y para muchos cada día menos rentable Salón de la Piel y el Calzado.

Recuerdo cuando aún no estaba terminado el inmueble, pasábamos entre maderas y enormes bolsas de aire de un área de la exposición a otra. Ahora es diferente, tenemos hasta un cómodo y lujoso hotel en las inmediaciones.

¿Pero qué pasa con Sapica? En aquellos ayeres exista tal expectativa por ver el modelaje nuevo y desde luego a las modelos que gustosas los portaban.

Pero qué paso, de mucho se fue reduciendo, desde luego algunos pensarán que no, otros pensaran que sí, pero lo que es una realidad es que para la mayoría exponer en Sapica ya no representa las ventas de antes, las formas de comprar y vender se han modificado.

En los ayeres un fabricante exponía sus muestras, se hacían pedidos, se hacían proyectos y planeaciones de toda la temporada. Es decir, el fabricante veía sus demandas e intentaban cubrirla, los pedidos se hacían en Sapica. Posteriormente los vendedores iban a sus rutas a confirmar pedidos, presentar algunos modelos y a indicar lo que se pidió, pero no llegó al mínimo de producción. Por lo que había que sugerirles a los clientes algo adicional, llevar muestras, etc. Era un trabajo de mayor contacto, de relaciones a largo plazo.

Siempre el fabricante decía, –Hola fulano, ¿cómo estas? –y el fulano (cliente) decía– bien, qué tienes como campeón, dime lo que más vendes, –y gustoso el fabricante decía sus modelos campeones, los cuales la mayoría de las veces pues ni sabía por que aún eran muestras. A veces te recomendaban algún estilo que ni siquiera se iba a producir.

Claro, no era a propósito, también recuerdo que tú preguntabas como cliente al fabricante –Cómo te va –y normalmente te decía–: No hombre, estoy vendido. Siempre pensé que si estaba vendida su producción para qué exponía. También los clientes a veces presumían, diciendo de cuántas tiendas iban a abrir ese año. En fin, los comentarios iban y venían, mentiras y verdades se mezclaban en promesas de venta y en promesas de pago.

Era interesante ver como algunos compradores acudían con un séquito de empleados o asistentes, algunos con edecanes, algunos con amigas asistentes, iba de todo y a todo.

Pero en aquellos entonces, aún con construcciones a medias y acomodos irregulares, ir a Sapica significaba cerrar buenos acuerdos, ver grandes amigos, hacer convenios, y de paso, ver de reojo a tu competencia y discretamente a la bella edecán con un zapato de un color y otro de otro. Que apenas si podían caminar. Muchas de ellas parecían sacadas de alguna película infantil.

Hoy las cosas son un poco diferentes, la tecnología ha entrado a nuestras vidas, ya normalmente no vamos a Sapica sin lista de compras, es decir, hoy sabemos más qué vendemos y qué no, quién nos surte y cómo, quién entrega y quién no siempre, etc.

Seguimos teniendo relaciones sólidas con nuestra proveeduría, pero hoy el pedido no siempre se hace en Sapica, hoy se pide el muestrario en las oficinas del cliente. Hoy no existe un fuerte grupo de vendedores sonrientes atendiendo. Hoy los sistemas y la información nos apoyan, no van muchos a comprar, no van muchos a vender.

Los tiempos cambian.

La semana que entra comentaré sobre el Sapica de hoy… No te lo pierdas.
hugo@secuencia.mobi

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